De la infancia me quedó el gusto por que me cuenten
cuentos, por dejarme enredar en el hilo del que me explica una historia, y en
ésas he pasado estos últimos días con El
buen amor, la nueva novela de Olga
Bernad.
Desde la valentía de la primera persona -tan subjetiva y
engañosa ella- Bernad se mete en la piel de Víctor, un jubilado que se enamora de “La Ojos”, una
jovencísima universitaria que vive unos pisos más arriba, en su misma escalera.
Y es que la tentación siempre vive
arriba.
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Portada de El buen amor, con ilustración de José Herrero |
La narradora zaragozana consigue con pasmosa facilidad algo
que a priori parece imposible: que el lector supere sus escrúpulos frente a la voz misógina, depresiva y misántropa del
protagonista para terminar, no solo empatizando con él sino hasta
identificándose con su mirada ofuscada de viejo enamorado. Cómo un tipo de
existencia gris, y de miras y mundo aún
más estrecho, pueda acabar pareciéndonos un personaje sumamente atractivo es
algo que sólo unos pocos escritores, como Olga Bernad, pueden hacer.
El buen amor me ha dejado con ganas
de más, que es como
te deben dejar los buenos libros, y me ha
reafirmado en la idea de que no existe la literatura de género, sino solo buena
o mala literatura, escrita circunstancialmente por hombres o mujeres.
(El buen amor ha sido publicado por Ediciones Nuevos Rumbos, Colección Fuera de Serie, 2013. Para saber más sobre la autora: http://cariciasperplejas.blogspot.com.es/)
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